Tenés 22 años y acabás de ser el héroe de un país de tan solo dos millones de habitantes. Llorás y no lo creés. Metiste a los tuyos en los Juegos Olímpicos por primera vez. La vida es buena y lo sabés… pero no te conformás.
Ojalá mañana no te llamen para desearte felicidades. Ojalá mañana no te llamen para molestarte, estás entrenando y buscando superarte porque en la palmera no te gusta quedarte ni en las copas desperezarte.
Tus 21,3 puntos, 8,0 rebotes y 11,3 asistencias en el Preolímpico no son suficientes, tu sed está latente y todavía podés ser más fuerte. Así lo sentís, estás comprometido, a pesar de que a veces no lo parezca y digas en tu mente, perdón si me río, es que entro en un delirio.
Argentina espera enfrente y tus puntos débiles cada día parecen más fuertes. 39,1% en triples, 67,7% en dobles, no hay cómo seleccionar tu veneno. No codiciás lo ajeno, buscás lo tuyo y que el mundo fluya en esa parábola gigantesca que grita aleluya.
Tus papás son testigos, Eslovenia a la suerte de tus nudillos, sos el verdadero caudillo. Aunque eso no te sirve, querés el anillo y entendés que todavía podés dar más, aumentando ese 64,0% en libres y la eficiencia en los cierres, cuando al resto poco y nada le incumbe.
Estrella de la NBA, tuviste poco descanso, pero igual viniste. Que nadie se ponga triste. MVP a la altura de Arvydas Sabonis, la cima es la que te propongas y para toda la vida sos Adonis.
Solo queda rezar y verte jugar, con esa innata habilidad que mete a cualquier defensa en el placard. La pelota está lisa, la belleza de tu talento es la premisa y la calidad de tu picar hipnotiza.
Por :Ignacio Miranda
