Luis Scola :"Tengo 41 años y no pienso en mi despedida "

Pasó, en los años siguientes, en reiteradas ocasiones por esta ciudad del estado de Nevada. Y podría, esta, ser la última. Sin embargo, fiel a su estilo, durante la hora de charla con Clarín vía Zoom el jugador más importante de la historia de esta disciplina le resta importancia a todo lo que rodea a su potencial despedida del deporte. O lo intenta, porque reconoce que esta vez podría ser distinto.

Diario Clarin 

Nota :Mauricio Codocea 





Hacía rato que no pasaba por Estados Unidos, país en el que vivió durante la década que jugó en la NBA y del que se alejó en 2017, después de ser cortado por Brooklyn Nets.


"En este momento en particular es muy raro viajar por el mundo y todo te sorprende pero quizás, dentro de esta locura que estamos viviendo hace un año y medio, Estados Unidos sea ahora mismo una sorpresa porque es la excepción. Venir acá y ver todo totalmente abierto y normal da como algo imposible, impensado", relata sobre estos días en Norteamérica, donde Argentina se prepara para unos Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en los que defenderá el subcampeonato del mundo.


Sin embargo, la charla tiene que ver con esta, su más que probablemente última preparación olímpica, y con la vida de la Selección, ese equipo que en los últimos 20 años ha hecho prácticamente suyo.


Luis Scola, en uno de los útimos entrenamientos de Varese: "Ya podés ir a casa", dice la remera. Pero antes tiene la cita olímpica.

Luis Scola, en uno de los útimos entrenamientos de Varese: "Ya podés ir a casa", dice la remera. Pero antes tiene la cita olímpica.



-El año pasado dijiste que parte de la energía te la había borrado la pandemia. ¿Tuviste que "recargarte"?


-Hablar mucho de mi carrera con respecto a la pandemia es casi como insultante para toda la gente que está viviendo situaciones tremendas tanto a nivel laboral como de salud o emocional. Pero sí en ese momento se me hizo muy largo. Y después hay otra cosa: el básquetbol europeo es difícil y me cuesta mucho más ser feliz, porque tiene otras características, se vive de otra manera y yo no lo disfruto tanto. Disfruté muchísimo la NBA, China, la Selección... Pero una vez que me fui a EE.UU. me sentí muchísimo más identificado con lo que pasa ahí que con lo que pasa en Europa. Y al volver, después de 12 años, era como que un poco me había olvidado. El haber vuelto fue refrescar eso y no es donde me siento más cómodo. Y el hecho de jugar sin público, no poder viajar, haber parado un mes y medio la temporada, haberla suspendido... Fueron todas cosas que comieron muchísima energía. Pero al final del día estoy acá, que es lo importante.


-¿Y el Juego Olímpico fue una zanahoria para la "recarga" en ese contexto de incomodidad?


-No, no necesitaba eso. Me pongo objetivos y algunos no son tan importantes como otros pero yo los encaro de la misma manera. (Piensa) Mirá... No hubiera hecho dos años de carrera "mal" para jugar un Juego Olímpico. La gente siempre me pone en ese lugar de que lo único que me importa es la Selección y la realidad es que, a pesar de que es antipopular la respuesta, eso no es verdad. Le doy el mismo valor a todos los desafíos: lo hice cuando estuve en Houston, en Vitoria, en Milano, en Varese. Una vez que tomé la decisión de hacerlo es porque creo que lo puedo hacer, porque estoy completamente convencido. Después, obviamente, las cosas pueden ir mejor o peor. Cuando fui a Varese, las preguntas en mi cabeza eran esas: ¿quiero hacer esto? ¿Quiero jugar un año acá, luchar por lo que sea que este equipo luche, jugar con esta gente, en esta cancha, vivir en esta ciudad? Si la respuesta es sí, lo hago. Si no, no.




Después del Mundial 2019, algunos jugadores confesaron que Scola les dijo, en una cena posterior a quedarse con la medalla de plata, que el grupo le había infundado una tremenda dosis de energía y lo había hecho, de algún modo, "sentir joven otra vez".


"La juventud tiene un valor muy grande: esa energía, esa fuerza, esos empujes que a medida que vas creciendo los vas perdiendo. Eso te genera una situación complicada, en el sentido de que te da melancolía. 'Yo antes era tal cosa, antes me dormía a las 4 de la mañana y ahora son las 10 y estoy bostezando; antes salía dos días seguidos y ahora me tomé dos vasos de vino y me duele la cabeza'. Porque a medida que crecés, vas ganando otras cosas, pero ese motor lo vas perdiendo", reflexiona Luifa.


"Y la juventud, a pesar de que no entiende esto porque no lo vivió y recién lo va a entender dentro de un tiempo, tiene ese efecto contagioso. Cuando vos estás rodeado de gente joven, eso te levanta, te lleva para arriba, te da esa vitalidad. En mi caso en particular, estos chicos me dieron un montón de energía -refuerza el capitán-. Tanto como decir que recuperé las ganas de jugar al básquet no, porque nunca las perdí; pero sí en un momento en particular necesitaba esta combinación que se dio, en la cual yo entraba en un equipo en el que había un montón de chicos... Bueno, lo que pasó. Estaba necesitando eso y tuve un poco de suerte".


-¿Y vos qué sentís o qué te han dicho ellos que les contagiás?


-Es difícil contestarte sin caer en el autoelogio, que creo que es bastante incómodo. Creo que aporté varias cosas, pero el gran porcentaje de mi energía, mi esfuerzo y mi voluntad en este tiempo estuvo orientado a lo que yo pudiera darle a este equipo adentro de la cancha. No quise encasillarme en un lugar donde mi palabra, mi presencia o mi experiencia, por más que fuesen importantes, fueran el valor total de lo que yo aportara. Tuve una charla con Oveja (Hernández) cuando me dijo que quería que jugara en la AmeriCup 2017 y hablamos de esto, de empujar, del cambio, bla bla, y en un momento le dije "Esto está genial pero yo tengo que saber que, como entrenador, me querés a mí por lo que te puedo dar adentro de la cancha". Y él me dijo que era absolutamente así y ahí empezó esta movida que ahora termina. No fue un ultimátum de mi parte ni nada por el estilo; simplemente quería tener claro que lo que yo iba a aportar no era simplemente un valor testimonial.


-En ese sentido, esto de ser una suerte de "hilo conductor" entre generaciones, ¿lo planificaste o simplemente salió?


​-Salió así, se fue dando. Encaré las cosas a medida que fueron viniendo. Del mismo modo encaro también Tokio. Tengo 41 años, está clarísimo que me retiraré muy pronto, pero no pienso en esto como mi despedida, no le pongo una cuota de dramatismo o importancia que creo que no tiene. Es un Juego Olímpico, es importante como los otros cuatro que jugué, pero no es el broche de oro; es un torneo más en el que quiero que me vaya bien. Cuando termine, analizaré cuál será mi futuro, que muy probablemente sea retirarme porque tengo 41 años. Y si no es retirarme ni bien termina, será 5 meses, 2 meses o un año después, pero no 3 años después. Y no le doy el tinte dramático o épico de final de algo aunque muy probablemente lo sea.




-En algún momento Argentina estará ante su "elimination game", el partido que marque el final del torneo. ¿No te va a pasar nada por dentro?


-No sé... Cuando llegue el momento te lo digo (risas). Imagino que sí, que pasarán cosas. Pero intento desconectarme de eso porque no suma; y lo que no suma, resta. Ese día intentaré pensar de esa manera lo menos posible, intentaré evitarlo lo más que pueda. Porque eso disminuye las posibilidades de jugar bien. Intentaré llegar a ese partido pensando que es uno más de la misma manera que tomo este torneo como uno más. O intento tomarlo, está claro, no soy tonto.


-Has vivido muchos momentos determinantes en tu carrera. ¿Te resulta fácil dejar las emociones de lado? ¿Cómo lo hacés?


-Con el tiempo me fue resultando más fácil. Porque al final del día, somos nuestro promedio. Vos no sos ni tu mejor partido ni el peor. Todos esos partidos son puntos en un gráfico de rendimiento. Y vos sos una línea en el medio, que lo más probable es que no toque ninguno de esos puntos. Cuando un tirador tiene un porcentaje, digamos, del 40%, cada vez que se para detrás de la línea y tira un triple, nunca va a llegar a 40% porque hay dos posibilidades en ese tiro: que sea 100% o que sea cero. Debe tirar cinco tiros para llegar al 40% acertando 2 de 5. Y no es tirador porque un día metió 5 triples ni deja de serlo el día que mete 0 de 10. La unión de todo eso, durante su carrera, lo convierte en un tirador de 40%.


Scola refuerza este concepto: "Mi carrera ya está hecha, está diluida en un montón de cosas, buenas y malas. En ese sentido, no puedo darle al último torneo, al último partido o al último resultado una importancia que no tiene. Si querés podés hacer el ejercicio pensando en Michael Jordan. ¿El último partido de Jordan fue el del tiro (contra Utah Jazz en 1998)? No, fue uno en Washington. Y no cambia nada. No necesitás el final épico para que tu trayectoria sea mala o buena. Por eso no lo tomo de esa manera, porque Tokio no definirá mi carrera; mi carrera es todo lo que conseguí. Después cada uno la analizará a su modo. Mi último partido se lo van a olvidar en cinco o diez años; van a hablar de Luis Scola como un montón de cosas que pasaron, todo quedará en la bolsa y lo que se dirá de mí será lo que fui capaz de hacer, de manera consistente, a lo largo de 20 años.