El rosarino que la rompe en México jugando al básquet

 


  Es uno de los tantos rosarinos por el mundo. En el caso de Cristian Cortés hay que resaltar que es un base que eclipsa y encandila a todo México con su básquet. Surgido del popular Sportsmen Unidos, el profesional de 31 años tiene varios anillos que brillan en su currículum. Ostenta el récord de ser el jugador más joven en debutar en la Liga Nacional con 14 años, cinco meses y 27 días. Tití viene además de proclamarse campeón y de ser elegido el jugador MVP de la final que ganó a final de noviembre pasado con Fuerza Regia de Monterrey. “Lo que estoy viviendo es algo indescriptible. Toqué el top de mi carrera”, afirmó con marcada emoción el destacado deportista de barrio República de la Sexta, que además fue convocado por la selección azteca para la próxima ventana, pese a que de más chico defendió los colores del conjunto argentino. Hizo un repaso imperdible de su carrera con Ovación, mientras disfruta de las vacaciones en su ciudad.
Bagnis dejó atrás nada menos que a Andy Murray.


Que arranqué desde muy chiquito en Sportsmen Unidos. Todo comenzó porque mi hermano mayor, Hugo, jugaba en la primera local y lo acompañaba a las prácticas y partidos. Me enganché con este hermoso deporte a los siete años y luego se fueron dando todas las cosas. Viví momentos muy lindos y otros no tanto como las lesiones. Pero fueron muchos años de sacrificio, esa es la realidad.

¿Cómo viviste ese torbellino de pruebas cuando tenías 13 años?

Hasta los 13 años jugué en Sportsmen. Creo que al haber participado en diferentes torneos con mi club y la selección rosarina me posibilitó mostrar ciertas habilidades que despertaron el interés de varios equipos. De hecho, me llamaron para probarme de Atenas y Boca como además de clubes del exterior. A esa edad me fui a España porque me evaluaron en Valencia, Unicaja y Lleida. Tenía la posibilidad de quedarme allá, pero con mi familia decidimos no hacerlo porque era muy chico. Lo que sí quería era ser jugador de básquet. Eso ya lo tenía bien en claro. Por eso cuando salió la oportunidad de ir a Obras no dudamos. Obras me reclutó y dio un lugar para quedarme como también buscó colegio. Y allá fui. Entrené con el equipo de la Liga y con muchos chicos que también habían arribado desde todos lados en pos de jugar en un futuro en la primera. Al poco tiempo de haber llegado pude cumplir el sueño de debutar en la máxima categoría ante Argentino de Junín.

¿Qué te genera en la actualidad el récord que tenés, es decir, ser el jugador más joven en debutar en la Liga Nacional con 14 años?

Ahora que pasaron 17 años, la verdad es que lo tomo más como algo anecdótico que otra cosa. Aunque debo admitir que en aquel momento, cuando se dio lo del debut de la mano del entrenador Guillermo Vecchio, sí fue como un boom. No solo para mí, también para mi familia y todo el ambiente del básquet. Obvio que disfruté muchísimo lo vivido, aunque ya forma parte de la historia.

Luego llegaron las lesiones y tener que dejar Obras.

Sí. Estuve cinco años en Obras. Pasé por las divisiones formativas como en la primera. Aprendí mucho. Incluso fue muy importante en mi etapa de desarrollo como jugador. Pero al vivir todo muy rápido, sinceramente, me generó extrañar mucho a mi familia y a mis amigos. Es que me había ido desde muy chico. Encima en 2010 me lesioné los dos tendones de Aquiles y costó recuperarme. Me comí como un año y medio parado. Fue un garrón. Fue en ese momento en que Obras decidió cederme a préstamo a Estudiantes de Concordia, que estaba en la segunda división (TNA). Y allá fui. Fue una temporada (2010/2011) dura pero positiva.

¿Por qué pensaste en largar todo cuando te lesionaste?

Porque pasaba el tiempo y no me recuperaba. Era muy chico y tenía mucha ansiedad. No la manejaba como hoy en día. Quería todo ya. Hacía la rehabilitación rápida para jugar, pero la hacía mal. Y seguía lesionado. Fue un duro golpe en todo sentido porque veía que había estado en la selección nacional juvenil, jugado en la Liga y en ese instante seguía afuera de las canchas. No supe cómo reaccionar ante la lesión, es así. Por eso pensé en largar todo. Pero por suerte luego pude dejar todo atrás y haber ido a Concordia me sirvió para reposicionarme. Me dieron un rol de protagonista y eso me generó mucha más confianza.

¿Ahí es cuando lográs dar el salto de nuevo y terminás en Brasil?

Claro. El club Mogi das Cruzes, del estado de San Pablo, me contrató y logramos salir campeones en el ascenso. Fue entonces que al otro año (2011/2012) decidí quedarme en Brasil para jugar la Liga Nacional. Un torneo competitivo, pero no es como el de ahora, que tiene un nivel muy alto.



El rosarino Cortés tuvo un paso brillante por Aguacateros, donde ganó la zona Oeste en 2020.

De Brasil vas a México, donde comienza realmente tu aventura y estrellato.

Todo se dio porque Abejas de Guanajuato, de León (2012/2013), me sumó gracias al entrenador Daniel Jaule (muy reconocido en nuestro país), quien se enteró que mi mamá es mexicana y me llamó. La idea me gustó y me fui nomás porque ya tenía la doble nacionalidad. Lamentablemente no me fue bien, es así. No estaba bien preparado. La liga era muy física, más americana. Jugué muy mal y me terminaron echando a los meses. Así y todo, el único partido que jugué bien fue con el posterior campeón y uno de los históricos de México como Halcones Rojos de Veracruz, que me terminó sumando y estuve desde 2013 al 2015. Me iba bien hasta que me resentí el tendón de Aquiles derecho. Pese a todo anduve bien.

¿Es cierto que sacaste la doble nacionalidad por consejo de un compañero?

En parte fue así. Mi madre es de allá y sabía que le gustaría que tenga también su nacionalidad. Pero un día mi compañero en Obras, un estadoudinense llamado Tyler Field, me aconsejó que la hiciera porque era una liga muy competitiva porque ya había jugado. La hice y todo lo demás se fue dando de manera natural.

¿Por qué volviste al país para jugar en Quimsa?

Porque en México no me pagaban. Me quedé en Halcones Rojos un año más para ver si percibía mi contrato, pero no. Entonces decidí pegarme la vuelta y así fue que pasé por Quimsa para jugar en la Liga de Las Américas donde teníamos un equipazo, como luego pasé por Lanús y Argentino de Junín, donde no me fue bien. Incluso ahí sí me dieron ganas de largar todo de verdad. Estaba frustrado. Pero surgió la chance de volver a México y decidí probar con todo de nuevo.

¿Qué te llevó a emigrar de nuevo?

Decidí volver para ver qué pasaba en realidad debido a que estaba frustrado por el tema de las lesiones en el tendón de Aquiles. Fui con la mente puesta en jugar y ganar plata. Desde Fuerza Regia de Monterrey me llamaron durante dos meses hasta que la dirigencia de Argentino de Junín me liberó. Creo que los mexicanos le hicieron a la directiva del club turco un favor porque jugaba poco y mal. Llegué y cambió todo de verdad. Fui con un plan de liberación. Fui sin esa presión interna que obliga a rendir al máximo y me terminó yendo muy bien. Fue un gran 2016 porque jugué muy bien, salimos campeones y jugamos la Liga de Las Américas. Incluso integré al que considero mejor equipo de lo que va de mi carrera. Con un entrenador increíble como Francisco Paco Olmos, quien sacó lo mejor de mí y explotó al máximo las virtudes. Fue como que los planetas se me alinearon de golpe y me pasó todo lo bueno que deseaba. De repente se me vino todo el básquet sobre las manos. Sentía que volaba dentro de una cancha cuando antes tenía dudas y lesiones. Sentí que fue el click que necesitaba para mi mente.

¿Por qué decís que fue el click que necesitabas?

Porque recién ahí comprendí que debía relajarme un poco. Sobre todo mi mente por la presión que me autoimponía y tan mal me hacía. Como que aprendí además a escuchar a mi cuerpo, disfrutar el juego de otra manera.

¿Se puede decir entonces que los últimos cinco años fueron los mejores a nivel deportivo?

Totalmente porque jugué cinco finales con dos equipos diferentes. Porque además de Fuerza Regia, donde salí campeón tres veces y también me volví a lesionar, además llegué a las finales con Aguacateros (bajo el mando del argentino Nicolás Casalanguida). Es un privilegio poder haber jugado las últimas cinco finales de una liga como la mexicana. Porque la Liga Nacional de Baloncesto Profesional (LNBP) es junto a la brasileña de la más competitivas de Latinoamérica cuando antes era nuestra Liga, que dejó de serlo por los diversos factores que todos vemos. Los clubes no pueden retener a las grandes promesas ni contratar refuerzos de renombres.

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Metió doblete. Cristian fue campeón y MVP en las finales con Fuerza Regia de Monterrey en 2021.

¿Qué sentís al ver que venís de ser campeón y elegido MVP de las recientes finales de la mano de Fuerza Regia?

Uf, qué año y qué noviembre tuve. Ganamos las finales ante Astros de Jalisco (Guadalajara). Al ver todo lo que pasé, es algo muy loco. Sobre todo por cómo me fue antes de estos últimos cinco años, donde nada de esto veía como algo posible. Por eso cuando me nominaron MVP en el campeonato que ganamos con Fuerza Regia fue como un shock. Es como que toqué el top de mi carrera. A eso le sumo la convocatoria a la selección mexicana. Esto me lleva a seguir trabajando no solo con el mayor profesionalismo sino además a vincularme con los mejores profesionales de cada área para seguir sumando. Pero debo confesar que lo que vivo es algo indescriptible. Esto es increíble realmente.



“De Sportsmen y de Central”

Los clubes de barrio marcan a las personas. Fusionan a los amigos. Potencian a las familias. Para Cristian Cortés, Sportsmen Unidos no es una institución más. “Es mi segunda casa. Me crié ahí adentro. Para los que somos de la barriada sabemos que esos espacios son lo más grande que hay. Cumplen una función social muy importante además”, expresó el base de Fuerza Regia. “Amo a mi club. Lo siento mi casa y siempre que vuelvo voy”, acotó con emoción el jugador de 31 años.

  “El otro día llevé al club a mi hijo, Benjamín. Disfrutó de la pileta e incluso se puso a jugar con dos o tres amiguitos al básquet en patas. Sinceramente, cada vez que puedo entreno los gestos técnicos ahí con los juveniles junto a Gino porque considero que es una de las partes más importantes de este deporte. Y eso que me invitaron a entrenar en Estados Unidos, pero no. Lo hago en mi Sportsmen”, graficó Cristian. “Soy un gran defensor de los clubes de barrio. Hay que cuidarlos”, resaltó.

  Luego confesó que “me gusta el fútbol, pero me encanta Central. Mi viejo Hugo fue arquero en las inferiores y luego se fue a México a laburar pese a que se probó en algunos equipos de allá. En el Distrito Federal conoció a mi mamá (María) y se casaron. Soy canalla y siempre trato de ver los partidos porque me gusta Central. Eso sí, la camiseta la llevo casi siempre. Voy a entrenamientos o la llevo dónde sea. Los jugadores americanos no entienden mucho de este deporte, pero les encanta nuestra casaca”.

Araya está en el podio

Pese a que vivió un calvario cuando se lesionó tres veces el tendón de Aquiles, el destacado jugador destacó el gran trabajo que hizo el kinesiólogo Rodrigo Araya. De hecho, Cristian lo tiene en el podio de los destacados. Incluso lo considera clave en su presente junto a su equipo de trabajo profesional